cap 2 - 2
CAPITULO 2/2
-Pero tú... ¿no... no sientes nada por mí? -balbució ella.
Él apretó los puños y una de las comisuras de sus labios se torció hacia arriba en una mueca cruel.
-Siento deseo por ti, como lo sentiría por cualquier otra mujer que se muestre tan dispuesta. Eso es todo.
Aquella brusca revelación aplastó el orgullo de Ashley.
-Oh. Oh, ya... ya veo.
-Eso espero, porque últimamente estabas siendo demasiado obvia, Ashley. Vas a nuestro rancho día sí y día no con la excusa de ver a Miley, te arreglas los días que vengo a la tienda... Entiéndeme, es halagador, pero no quiero tus atenciones de adolescente, ni ese incomprensible encaprichamiento que te ha dado conmigo. Siento ser tan poco delicado, pero así es como están las cosas.
Ashley se puso roja como la grana, y dio un paso atrás, rodeándose incómoda la cintura con los brazos. Se sentía destrozada.
La mandíbula de Zac se contrajo al ver la expresión dolida de ella, pero no se retractó.
-No te lo tomes tan a pecho -le dijo-. Pronto comprenderás que es mejor conformarse con lo que la vida nos ofrece que aspirar a imposibles. A partir de ahora mandaré a Billy por los pedidos. Y tú, encontrarás alguna excusa para no venir al rancho a ver a Miley, ¿verdad que lo harás?
La pobre Ashley asintió con la cabeza en silencio, y subió las escaleras del almacén conteniendo a duras penas las lágrimas. Zac la siguió, y cuando fue a salir de la tienda, se detuvo un momento, girándose para mirarla una última vez. Sus facciones estaban contraídas en lo que a Ashley le pareció un gesto de arrepentimiento, y por un instante creyó que iba a volver a entrar para decirle que lo perdonara, que no había querido decir aquello, pero él se caló el sombrero y se marchó.
A partir de ese día, tal y como había dicho, Zac envió a su capataz para comprar lo que necesitaban, y no volvió a poner el pie en la tienda. Ashley lo veía de modo ocasional por la calle, algo imposible de evitar en una ciudad tan pequeña como Jacobsville.
En una ocasión fueron a almorzar a la misma cafetería, pero Ashley se levantó, dejando la comida a medio acabar, y salió por la puerta trasera mientras el maître sentaba a Zac y al hombre que lo acompañaba. Esa misma tarde, al levantar la vista de un escaparate y girarse, se encontró con que él estaba observándola desde el otro lado de la calle, con expresión confundida, pero en cuanto advirtió que ella lo había visto, continuó caminando y desapareció tras una esquina.
Otro día, para su sorpresa, Miley la invitó a visitarla en el rancho. Ashley aceptó la invitación, pero no sin antes asegurarse de que Zac no iba a estar allí. A su amiga la extrañó esa insistencia, pero por más que le preguntó al respecto, no logró sonsacar nada a Ashley.
Y aquella no sería la única sorpresa. Unos días después, durante un acto social, Zac llegó a abordarla. Era el vigésimo segundo cumpleaños de Miley, y ésta le había pedido que fuera con ella a un baile para el que tenía invitación, pero no pareja con la que ir. Miley sólo le ocultó un pequeño detalle: no mencionó que su hermano iba a asistir. Y así, en medio de una pieza en la que se iba cambiando de pareja, Ashley se encontró de pronto cara a cara con un furibundo Zac. Sin embargo, para estupefacción del ranchero y los demás asistentes, Ashley se apartó de él, se giró sobre los talones y se marchó.
Tras ese incidente los rumores anduvieron como la pólvora por toda la ciudad. Era la primera vez que una mujer rechazaba públicamente a Zac Efron. Ashley se juró no volver a ir a ningún acto público; Miley se sintió fatal y se prometió no volver a hacer de Celestina; y Zac estuvo de un humor de perros durante varios días.
Sin embargo, había un evento al que Ashley no había previsto que tendría que asistir; un evento en el que estaría Zac.
El padre de Ashley pertenecía a un club de tiro, a cuyas reuniones siempre trataba de arrastrar a Ashley «para que encontrara marido», y del que Zac era presidente. Ashley se había negado en redondo a acudir a las últimas reuniones desde el día que el ranchero le diera el ultimátum en la tienda, pero cuando llegó el decimoquinto aniversario del club, tuvo que terminar accediendo ante la insistencia de su padre: «va a ser una gran fiesta, cariño, y tú hace tanto que no sales a divertirte...»
La mirada colérica con que la obsequió Zac al verla entrar en el club del brazo de su padre fue aún peor de lo que había esperado. Se había puesto un vestido violeta de lentejuelas, de tirantes finos y escote en uve, con unos zapatos de tacón a juego. Estaba realmente espectacular, y así se lo hicieron saber varios de los caballeros asistentes, que le hicieron numerosos cumplidos y la invitaron a bailar. Zac no bailaba con nadie, sino que se limitaba a andar de un lado a otro, con un whisky en la mamano, hablando con otros hombres y mirando a Ashley irritado.
Y entonces, de pronto, cuando hubo concluido la pieza que la orquesta estaba tocando, Zac se acercó a Ashley y, sin pedirle permiso a ella ni al joven con el que estaba bailando, la tomó de la mano y la atrajo hacia sí. Las notas de una nueva melodía inundaron la sala, y Zac la arrastró consigo, haciéndola girar por la pista de baile, mientras Ashley tenía la impresión de que el corazón quisiera salírsele del pecho. Por la mirada punzante de sus ojos entornados, a Ashley no le resultó difícil imaginar que no se trataba precisamente de un baile de compromiso. Cuando se estaba acabando la pieza y las luces se atenuaron para dar paso a la siguiente, una melodía romántica, Zac aprovechó para conducir a Ashley hasta la puerta lateral y llevarla fuera, al pórtico que daba paso a los jardines, en medio de la penumbra de la noche. Una vez allí, lejos de las miradas de los curiosos, prácticamente la acorraló contra la pared.
-¿Qué crees que estás haciendo? -le espetó sin alzar la voz, pero en tono áspero-. ¿Por qué has venido? -sus ojos marrones relampagueaban.
-No por ti, te lo aseguro -se apresuró a contestar ella.
-¿Ah, no? -la desafió él-. Me deseas. Tus ojos me lo dicen cada vez que me miran. Puedes apartarte de mi camino o negarte a saludarme en la calle, pero te estás engañando a ti misma si crees que no puedo leer en ti como en un libro abierto.
Los ojos de la joven lo observaron de hito en hito, debatiéndose entre la irritación y la incredulidad.
-Eres el hombre más presuntuoso que he conocido, Zac Efron.
-No es presunción -masculló él pegándose a ella.
Antes de que Ashley pudiera reaccionar, la había tomado por la nuca, haciéndole echar la cabeza hacia atrás, mientras que se inclinaba hacia ella para tomar sus labios.
La mirada sorprendida en los ojos de la joven lo hizo vacilar un instante, pero entonces advirtió que, a pesar de sus rechazos en público, a pesar de que acababa de negar que no estaba allí por él, la expresión en su rostro parecía indicar que sintiera que estaba ofreciéndole el cielo. Hasta su respiración se había tomado entrecortada.
Aquello lo excitó. Puso la mano libre sobre la cálida y suave piel que dejaba al descubierto el escote en uve y, al aspirar Ashley sorprendida, aprovechó para posar su boca en los labios entreabiertos de la joven.
El gemido ahogado de Ashley lo hizo perder la cabeza por completo. En cuanto la joven empezó a responder al beso, Zac olvidó la diferencia de edad entre ellos, se olvidó de todo lo que los rodeaba. Por más que lo había intentado, no había logrado olvidar el sabor de los labios de Ashley. Durante aquellas últimas semanas el recuerdo lo había atormentado noche y día, y había llegado a pensar que debía haber imaginado ese placer sin igual, pero no era así.
Sin poder ya contenerse, la mano que tenía en la nuca de la joven se contrajo, atrayendo su boca aún más cerca de la de él, mientras que la otra se deslizó dentro del cuerpo del vestido, cubriendo uno de los pequeños senos de Ashley.
Ella emitió un gemido de protesta, pero el íntimo contacto de la mano de Zac en su piel, desencadenó en ella toda una serie de deliciosas sensaciones, y sólo pudo rodearle el cuello con los brazos, aferrándose a él para no perderse en aquel intenso oleaje de placer. Zac deslizó uno de los finos tirantes hacia abajo, despegó su boca lentamente de la de ella, y Ashley notó cómo sus labios fueron descendiendo en húmedos besos por su garganta hasta la suave y cálida circunferencia del seno que había quedado al descubierto. Dejó escapar un intenso gemido, y sus uñas se hundieron en los brazos de Zac.
-No hagas eso -susurró él sin levantar la cabeza-, ahoga esos excitantes gemidos o nos convertiremos en el espectáculo de la velada.
Y entonces, tomando el seno en su mano, lo levantó hasta su boca, engulló la areola, y comenzó a succionar lenta y suavemente mientras lamía el endurecido pezón. Ashley sollozaba extasiada, estremeciéndose de placer,. y aun cuando Zac liberó su seno y levantó la cabeza, se quedó muy quieta, con los ojos entornados y la visión enturbiada por la excitación. Él la estudió en silencio antes de bajarle el otro tirante.
El cuerpo del vestido cayó hasta la cintura de la joven, y las fuertes manos de Zac la arquearon hacia él, al tiempo que volvía a agachar la cabeza. Tras detenerse un momento para admirar hipnotizado su desnudez, tomó el otro seno en su boca y la hizo volar de nuevo con él hasta las estrellas.
Cuando finalmente Zac logró controlarse, Ashley se derrumbó contra él, y lo escuchó respirar jadeante mientras volvía a subir los tirantes a sus hombros y le ponía bien el vestido.
-¿He sido el primero? -le preguntó con voz ronca.
Ashley no se sentía con fuerzas para mentir.
-Sí -musitó.
Las manos de Zac se contrajeron bruscamente en torno a su cintura, y maldijo con furia entre dientes.
-¡Esto es un error! ¡ un error! -masculló-. Eres tan joven...
Ashley frotó su mejilla contra la garganta de Zac.
-Pero yo te quiero... -murmuró-, te quiero más que a mi vida...
-¡Basta! -la cortó él bruscamente, apartándose de ella. Sus ojos relampagueaban de ira, pero sus facciones estaban rígidas por la pasión apenas controlada, llenas de tormento-. ¡No quiero tu amor!
Ashley alzó la vista hacia él, con una mirada vulnerable y entristecida en sus grandes ojos marrones.
-Lo sé.
Las facciones del ranchero se tensaron hasta parecer una máscara sobre los marcados pómulos, y apretó los puños.
-Mantente alejada de mí, Ashley -le dijo con voz ronca-. No tengo nada que darte, nada en absoluto.
Las piernas le temblaban a la joven cuando contestó.
-Sé que no lo creerás, pero si he venido aquí esta noche ha sido sólo porque mi padre insistió.
Aquello no aplacó a Zac.
-No te hagas ilusiones por lo que acaba de ocurrir -le advirtió con aspereza-, no ha sido más que sexo. No voy a casarme contigo, y la palabra «amor» no figura en mi vocabulario.
-Porque no dejas que ocurra -murmuró ella quedamente.
-Eso no es asunto tuyo -le espetó él.
Ashley sintió el frío de su mirada como si la cortara hasta los huesos. Dentro la orquesta había empezado a tocar otra canción, que la joven reconoció como Gracias por el recuerdo, y estuvo a punto de dejar escapar una risa amarga ante lo apropiada que resultaba para el momento.
-No te engañes creyendo que esto ha sido una especie de interludio romántico -volvió a advertirle él-. No eres más que una adolescente, larguirucha y plana como una tabla de planchar. Olvídame, haz el favor. ¡Olvídame y no vuelvas a acercarte a mí!
Se giró sobre los talones y volvió dentro, dejándola sola. Ashley, hondamente herida por esas crueles palabras, recogió los trozos de su herido orgullo, y se fue a sentarse en el coche de su padre. Necesitaba estar sola. Éste salió en su busca al cabo de un rato, extrañado por su prolongada ausencia y, al hallarla en el coche, le preguntó que le ocurría. Ashley le dijo que le dolía la cabeza, pero su padre no se dejó engañar.
La había visto salir con Zac Efron momentos antes, y leyó al instante el dolor en su rostro, así que, sin hacer más preguntas, volvió dentro para excusarse con los demás y regresó a casa con ella.




